Respuesta

Si eres uno de los que vas a la iglesia y ves tantas personas gozarse alabando y adorando a Dios en el culto y tu no sientes nada, sientes que nada te atrae, te mantienes al margen, o piensas que eso no es para tí, o asistes para complacer a alguien, pero realmente no te gustaría asistir y quisieras cambiar eso.  

ESTE CONSEJO ES PARA TI.

 

¿Si quieres tener una vida de comunión con Dios y no lo has logrado, pero quieres,  anhelas esa relación?  Te voy a dar un consejo que no a fallado a los que lo han tratado.

          Atrévete hablar con Dios y en tu intimidad con él, háblale como le hablarías a uno de tus amigos.  Rétalo como le harías a uno de tus amigos a que te cumpla algo.   

Háblale de corazón a corazón,  porque si no es así,  no convencerás al Espíritu Santo. 

(Ej:   Dios, yo no sé si tu eres real, pero si lo eres como dicen muchos, entra en mi corazón, pero no por encimita.   Entra en lo más profundo de mi corazón.   Que yo pueda ver que verdaderamente estás trabajando en mi vida.   No sé cuál es tu iglesia.   Muéstrame tu iglesia también.)  

Como este ejemplo, puedes hacer oraciones tuyas pidiéndole y ofreciéndole.

Si te atreves a hacerlo, verás como Dios cambiará tu vida.   Dios es REAL y si eres sincero con lo que le propones, el te escuchará y te cambiará tu vida.

Sé sincero.  Habla de corazón a corazón, suplícale por personas a las que tú amas que están enfermas, pídele por su salud o sus finanzas.

Usa un lenguage apropiado, con palabras que puedas utilizar en una corte ante un juez. 

Este ejercicio espiritual te llevará a la victoria.

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 Hay quién puede pensar que esto que te recomiendo es un disparate teológico,  pero también habían muchos que pensaban que el enfrentamiento de David con Goliat lo era,  y resulto en una victoria.  

Dios te bendiga.   RobbySotto


El que al viento observa, no sembrará; y el que
mira a las nubes, no segará. Como tú no sabes
el camino del viento, o como crecen los huesos
en el vientre de la mujer en cinta, así ignoras la
obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
                                                    Eclesiastés 11: 4-5